Mi peluquero (Parte 1)
Yo siempre había pensado que irse a cortar el pelo era un acto de lo más banal. Tengo poco pelo y ya no hay soporte físico para muchas florituras, así que básicamente ir a la pelu se ha convertido en algo monótono y sin aliciente.
Por suerte o por desgracia, a las conversaciones de mi peluquero también se les podían aplicar ambos adjetivos. Siempre recurre a los temas más manoseados: empezando por el tiempo (tema inicial por defecto), pasando por el trabajo (evidentemente quejándose de él), para acabar con el tema del día, heredado de las conversaciones insulsas de la clientela más madrugadora. Por suerte para mí, 15 minutos son suficientes para acabar de retocarme los 4 pelos que me quedan. No hay mal que por bien no venga.
Y es que yo nunca he sido el típico cliente cotilla (gay, para mas inri.... que los gays somos mu cotillas!) que se interesa por los temas del vecindario en vez de preocuparse por los propios. Yo me siento resignado en el sillón, esperando el ametrallamiento verbal propio de la profesión. Y como única defensa posible, entro en un estado de concentración budistas ayudado por los sonidos repetitivos que se originan en la laringe de mi peluquero, focalizando mis procesos mentales en temas mucho más importantes (organizando el fin de semana, pensando en tío de la playa que ya he visto 80 veces y al que nunca me atrevo ni a mirar a los ojos), y asintiendo con la cabeza de manera desatendida y de vez en cuando por si acaso, vaya que me pregunte que si estoy bien y me desconcentre del ritual de meditación.
Pero todo esto ha cambiado. Desde hace unos meses, soplan nuevos aires por la pelu. Ahora ya no tengo miedo al sopor, sinó a estallar de rabia debido a los comentarios de temas socio-políticos-económicos que han desbancado a la prensa rosa y el cotilleo.
Todo empezó hace 5 meses. El fin de semana del 14-15 de Enero tenía yo un viajecito de placer a Madrid, y decidí ir a retocarme las puntas dos días antes como parte de un plan de belleza general, enfocado a un único propósito: ligar en la capital. Algo más plausible en mi infinita inocencia que ligar en BCN, donde al parecer mi belleza no es muy aprecidada (a la experiencia me remito).
Pues bien. Como ya he contado tuve que aguntar los típicos comentarios de los temas antes mencionados, esta vez y por suerte en un tiempo récord de 10 mintuos, porque al parecer mi peluquero estaba trabajador y dejó de banda las pausas innecesarias propias de su savoir affair.
Vete aquí mi sorpresa cuando, al pagar, me anuncia la compañera:
- Repaso de 2 semanas, 9 euros.
Tengo ya los 8 euros en la mano, cuando me doy cuenta de que hay algo que no cuadra. Al verme dudar, la chica me explica:
- Hemos subido los precios 1 euro. Ahora el repaso de 1 semana vale 7 euros, y el repaso de 2 semanas vale 9 euros.
Me paro a pensar, y ejecuto mentalmente dos cálculos matemático en sólo 5 segundos: "Han subido los precios un 16,6% y un 12,5% !!!!", me digo a mí mismo. Pese al reciente corte de pelo y las sesiones de depilación a las que me había sometido a inicios de semana como parte indispensable del plan de belleza, los pocos pelos que me quedaban se me pusieron como escarpias.
- Es solo 1 euro.
... me dice el peluquero sonriente.
- Hemos subido los precios por el cambio de año.
Y por unos momentos, todos los de la pelu se me quedaron mirando, esperando a que reaccionara.
Siempre he pensado que la calidad se paga. Por eso volví al cabo de 4 semanas a la pelu, en vez de buscarme algo más barato. "Más vale malo conicido...", añadí para mí, aunque siempre he sido consciente de la autocomplacencia que supone ese frase. Es una frase para los covardes. Y yo a veces lo soy. Aunque fueron 4 las semanas que tardé, y no 2, porque tomé la subida de precios como una segunda señal que me indicaba que debía utilizar la moto de mi hermano para cortarme el pelo, como hace él desde hace ya 8 años. La primera señal había sido un comentario de mi madre:
- Vas camino de quedarte como tu hermano.
Así que al cabo de 2 semanas realicé mi primer auto-corte-de-pelo-al-2, con un éxito total, debo decir. Las manualidades siempre se me dieron bien, y era una forma de contrarrestar la subida abusiva de precios.
Pues, como digo, volví a sentarme en el sillón de mi peluquero (un sillón muy cómodo, por cierto), esperando poder iniciar con tranquilidad mi sesión de meditación trascendental, muy necesaria aquellos días puesto que la operación "Ligoteo en los Madriles" del mes anterior había supuesto un auténtico fracaso, y todavía tenia heridas profundas en el alma que necesitaban de paz, harmonía y autoreflexión para ser curadas, a falta de un buen polvo que me quitara de un plumazo las tonterías.
Cuál fue entonces mi sorpresa cuando mi peluquero decidió empezar su martirio habitual con la siguiente frase:
- Este gobierno es tan malo como el anterior.
Inmediatamente detuve mis pensamientos y miré perplejo a mi peluquero a través del espejo. Él, que debió notar mi inusual interés por su comentario, decidió seguir.
- ¿Donde están las viviendas que prometió? Los precios de las casas siguen subiendo y no hace nada para remediarlo.
Enseguida se formaron en mi cabeza comentarios acerca de la labor del actual gobierno y del anterior, así como comentarios de tipo económico. Pero decidí no expresar los comentarios en voz alta...
- Todos los políticos son iguales. Sólo quieren hacerse ricos a nuestra costa.
... y delante de la originalidad del comentario y de los férreos argumentos no tuve la más mínima duda de que había tomado la decisión correcta. Y decidí añadir el universo político y el universo económico a la lista de temas a ignorar durante la sesión de peluquería.
- No hacen nada bien. ¿Y qué me dices de los precios? ¿Crees que es normal que suban tanto? Seguro que todo ese dienero se lo llevan los 4 ricachones de turno gracias a Zapatero.
Un seismo de magnitud 7 en la escala de Richter azotó mi cuepo. ¡No podía creer lo que estaba oyendo! Durante un segundo recordé la subida de precios de la que había sido testigo un mes antes, y la comparé con la subida del IPC del año anterior, un 3,7: ellos habían subido sus precios 4 veces más... ¡y se estaban quejando!...
La verdad es que no recuerdo mucho más de lo que comentó. Sólo recuerdo que estube pensando en si hablar o callarme, pensando en que odiaba a la gente que, como él, le echa la culpa a los demás de parte de los problemas de los que ellos son responsables, al menos en parte. Pensando en que si sabría lo irresponsable que era, y en lo ignorante que era si no lo sabía...
... no le dije nada.

0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home